Descentralización educativa
. La descentralización de la administración educativa es un tópico por su reiteración,
que casi siempre suele asociarse a los frecuentes procesos de reforma. Este es un
hecho que cuenta con fáciles explicaciones; tanto si se analiza desde la pedagogía
comparada, como si se valora en términos de gestión o si se considera como una
necesidad política, la descentralización educacional no es un fenómeno reciente en
la región; en el pasado varios países han desconcentrado su autoridad central sin
llegar a una entrega real de la autoridad, en la cual el Ministerio Nacional otorga la
autonomía a una unidad subnacional.
La descentralización tiene como finalidad el desarrollo integral, armónico y
sostenible del país, mediante la separación de competencias y funciones, y el
equilibrado ejercicio del poder por los tres niveles de gobierno, en beneficio de la
población ha incluido entre los requisitos necesarios para hacer frente a algunos de
los desafíos que se presentan, por ejemplo, el volumen creciente de exigencias que
se plantean a los servicios públicos y las mayores expectativas del público acerca
de la calidad de los servicios. La descentralización permite a instituciones privadas
coadyuvar en la realización de diferentes actividades que pertenecen al órgano
administrativo, se podría decir de manera general que un beneficio de la
descentralización es que las instituciones privadas cuentan con su propia autonomía
y no dependen del gobierno federal propone también con el fin de reforzar la
democracia, aproximando el nivel de toma de decisiones a quienes se ven más
afectados por las medidas gubernamentales. Busca un sistema más participativo,
alcanzar una más estrecha vinculación entre sistema educativo y productivo,
pretender mayor rigor en la gestión pública y, sobre todo, conseguir un sistema que
sea más ágil, eficaz y eficiente, es decir, lograr el mayor nivel posible en la calidad
de la educación. Junto con lo anterior, normalmente se ha sido consciente de que
la descentralización tiene sus aspectos críticos: genera un importante incremento
del gasto público y, cuando esto no ocurre, es porque a través de ella se encubren
políticas de privatización o de merma en este servicio público y, en segundo lugar,
hay quienes defienden que con ella existe el riesgo de que la gestión de lo público
pierda objetividad por la excesiva acomodación a los intereses próximos y la
cercanía de la presión de los administrados. Volviendo a los objetivos, en esta
ocasión nos centraremos solamente en uno de ellos, la búsqueda de la calidad,
puesto que por si solo puede justificar el enorme esfuerzo organizativo y gerencial
que supone un proceso descentralizador. Por ello nos detendremos brevemente en
la definición de este concepto haciéndolo, al igual que lo han hecho recientemente
Organismos Internacionales como son la Ocde y la Unesco, asociado al de equidad;
por ser un requisito indisociable de él y un concepto que supera al más simple de
igualdad. Para que un sistema educativo responda a estos criterios de calidad y
equidad debe cumplir las siguientes exigencias (Marchesi, A 1998): igualdad de
oportunidades, es decir, la completa supresión de discriminaciones previas.
Igualdad en el acceso a la educación: haciendo reales las posibilidades abiertas por
la anterior exigencia, eliminando las formas explícitas o encubiertas de selección de
alumnos. Igualdad de tratamiento educativo: lo que se hace efectivo más fácilmente
con sistemas comprensivos y un completo servicio y equipamiento educativo igual
para todos. Igualdad en los resultados: lo que no puede ser identificado con ninguna
forma de igualitarismo académico, ya que esto sería un planteamiento iluso e
injusto, sino que es evitar que los resultados de cualquier alumno puedan estar
condicionados por diferencias o desigualdades: de sexo, sociales, raza o cultura.
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